Un niño con serias dificultades de aprendizajes, en un colegio privado de alta exigencia. Por años ha pasado de curso, con muy bajas calificaciones y -a menudo- con ayuda de profesores "que le tienen estima".
Los padres agotan recursos económicos para que no repita de curso.
Entevista con los padres: analizar la posibilidad de que el niño repita, con la convicción de que su proceso de aprendizaje es más importante que seguir pasando de curso con "ayuditas externas", analizando sus dificultades de aprendizaje como un proceso que se arrastra desde la infancia y tratando de resaltar la importancia de respetar los ritmos de aprendizaje de nuestros niños y niñas, y -sobretodo- poner límites a la sobreexigencia, sobretodo cuando escapa a lo que podemos esperar.
Padres resistentes a las sugerencias: no están dispuestos a "perder la inversión en pastillas, en las mensualidades del caro colegio donde matricularon a su hijo y lo que pagan a la psicopedagoga". Para qué hablar de botar a la basura los bonos del neurólogo y el dinero invertido en incentivos para que suba las notas: clases de deporte, bicicleta, video juegos... Qué va a decir la gente... Si repite, "para eso mejor lo dejamos en la casa y que no haga nada".
Desde la psicopedagogía, y desde la emocionalidad del educador, surgen dos preguntas: ¿Cómo pueden ver a sus hijos e hijas sólo como una inversión costosa? ¿Qué podemos hacer para educar a las familias respecto de las expectativas y el aprendizaje?
I. EXPECTATIVAS Y SOBRE EXPECTATIVAS
Si bien las Culturas de Altas Expectativas constituyen una importan variable de efectividad escolar, no se debe confundir este concepto con "tener expectativas demasiado altas". Una cultura de altas expectativas implica tener la convicción de que todos nuestros educandos pueden aprender y superarse, más allá de las condiciones de entrada con las cuales los recibimos, desafiándolos constantemente para producir saltos cuantitativos y cualitativos en la construcción del conocimiento. Sin embargo, los desafíos deben ser acordes a la realidad y a la capacidad de cada uno de nuestros niños, resultando alcanzables y no imposibles.
Exigirles que cumplan con objetivos tan difíciles que no puedan lograr, o demostrar que tenemos expectativas puestas en ellos que deben cumplir a toda costa para evitar nuestra decepción, sólo acarreará una reacción negativa hacia el proceso escolar, que nace desde la frustración por no poder cumplir, por no satisfacer a educadores y padres, y por no ser lo que los demás esperan que sean.
Es muy importante, a la hora de tratar con las familias, señalar que también existen límites respecto de las expectativas. De ahí surgirá el análisis: ¿Qué quiero realmente para mi hijo o hija? ¿Quiero que sea el mejor o quiero que se sienta feliz? ¿Qué creemos es capaz de lograr? ¿Cuáles son sus limitaciones y cómo podemos superarlas? ¿Dónde está el límite entre exigir y sobre exigir?
Cuando el proceso educativo del niño, se transforma en "el sueño a cumplir de los padres" es cuando nos damos cuenta que el camino está errado. Ningún niño llega a este mundo para rendir como sus padres esperan que rindan, para estudiar lo que ellos quieren que estudie, ni para satisfacer los deseos no cumplidos de sus progenitores.
Lo normal no es culminar el proceso educativo por inercia: pasar ramos y ramos, memorizando contenidos y aplicando conocimientos y habilidades. El proceso educativo debe ser un proceso de crecimiento personal, con altos y bajos, con grandes espacios para la reflexión -incluso desde la infancia- y con un autoconocimiento de las fortalezas, las debilidades, las preferencias y los obstáculos. El proceso educativo es una oportunidad para la movilidad social, pero no desde el "deber ser" sino del amor: el amor a conocer, el amor a hacer, el amor a crecer y a compartir en una sociedad con valores.
EXPECTATIVAS Y PROBLEMAS DE APRENDIZAJE
Cuando nos enfrentamos a niños y niñas con problemas de aprendizaje, debemos trabajar en las expectativas, entendiendo que desmedirnos y caer en la sobreexigencia, puede ser -finalmente- un detonante del fracaso escolar. La verdad es que, independientemente de las dificultades que presenten, SÍ pueden tener éxito. Lo importante es CÓMO.
A continuación, algunas sugerencias, para padres y educadores:
1. Un problema de aprendizaje no es un límite tan grande, que no podamos superar. La clave está en identificarlo, trabajar para la superación y para sacar provecho a las fortalezas.
2. ¿De dónde nace el límite? Analicemos si el límite es intrínseco o impuesto por el medio. Muchas veces es el entorno el que dificulta el aprendizaje de nuestros niños.
3. ¿Cuáles son sus ritmos y estilos de aprendizaje? No forcemos a nuestros niños a aprender con el ritmo promedio ni mediante métodos que no les favorecen. Aprendamos a conocerlos y planteemos estrategias que amplíen las oportunidades de aprender.
4. Antes de preguntarme: ¿Qué espero que mi hijo sea cuando grande o qué notas quiero que tenga?, debo preguntarme: ¿Qué querrá ser mi hijo cuando crezca? ¿Qué siente, desde su emocionalidad, hacia el procecso escolar? ¿Cómo puedo lograr que ame el conocimiento y no que lo vea como una obligación?
5. Los recursos financieros ayudan, pero no son claves en el éxito escolar: más vale padres comprometidos, comprensivos, pacientes y proactivos, que grandes gastos en incentivos y experiencias de escolarización.
6. Un fracaso escolar... no es siempre un fracaso escolar: puede ser un pequeño tropiezo, una brecha a superar o una oportunidad para crecer. Concretamente, sacarse una nota roja, repetir un año o tomarse un sabático para despejar dudas vocacionales, son lo que nosotros decidamos que sean. ¿No nos convendría decidir tomarlo como una oportunidad de aprender más?
7. Lo más importante: la plenitud. Aseguremos la felicidad de nuestros niños y niñas, recordando que no los hemos traído a este mundo para ser lo que esperamos que sean, sino que deben ser lo que deseen ser mientras que nuestro rol se basa en poner todas las herramientas a su disposición para lograrlo.
8. Por último, ¿Qué es educarse? No es una obligación social, ni una meta impuesta. Educarse es un acto de amor profundo, de superación personal y crecimiento integral, donde cada persona debe descubrir el sentido del conocimiento y los aportes que el proceso educativo entrega para lograr sueños y proyectos.
FINALMENTE, UNA REFLEXIÓN...
Aprendemos cuando amamos... cuando amamos lo que nos gusta y lo que no nos gusta... lo amamos porque nos sirve, porque nos complementa y nos ayuda a entender el mundo. Aprendemos cuando nuestros padres nos enseñan a través del amor, y cuando vemos brillar los ojos de nuestro profesor... cuando ama lo que enseña.